Por una cultura de la prevención

Desde 2005, la Organización Internacional del Trabajo conmemora cada “28 de abril”, el día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, siendo una importante ocasión para recordar para unos, y poner de manifiesto para otros, los logros y los retos pendientes a este respecto. El lema escogido este año es “Únete a la construcción de una cultura de la prevención en materia de Seguridad y Salud en el Trabajo” invitando a todos a participar en el reto de implantar una cultura preventiva eficaz en el ámbito laboral.

La reciente Estrategia Española de Seguridad y Salud en el Trabajo 2015-2020, aprobada por el Consejo de Ministros del 24 de abril, elaborado con mucho esfuerzo por las organizaciones sindicales y empresariales más representativas, las comunidades autónomas y el gobierno, promueve esta idea como pilar fundamental en la eficacia de las políticas de prevención en las empresas. Y es que tan importante es el entorno en que se trabaja como la forma que se hace. Y es precisamente en el Factor humano donde se tiene la mejor ocasión de identificar y actuar para proteger la salud. Por eso es importante la preparación profesional y los instrumentos de apoyo para ello, y que la estrategia tiene por objeto promover.

Para la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa, CEPYME, es imprescindible que se siga trabajando en la promoción de la cultura preventiva, entendida como la interiorización de comportamientos prudentes convertidos en hábitos y al fomento del conocimiento que vaya en este sentido y en cada ámbito del individuo, ya sea en el profesional, en el doméstico, durante su tiempo de ocio, en la práctica de deportes o en la conducción de un vehículo. Invertir en que las personas cuenten con estas habilidades y cualidades con la inclinación y capacidad suficiente para detectar riesgos y a afrontarlos con eficacia. Porque estas personas, tanto para si como para su entorno, contribuyen a evitar la siniestralidad y,  en sus ámbitos de responsabilidad, ya sea como madre, profesor, empresario tiene efectos positivos directos e indirectos sobre quienes les rodean.

Pero sigue siendo necesario incidir en la inculcación de hábitos prudentes por que se siguen detectando ciertas carencias a este respecto, como por ejemplo que una parte muy importante de los siniestros han sido causados o participados por comportamientos imprudentes o excesos de confianza. Dicho de otro modo, se podían haber evitado.

Los empresarios y trabajadores llevan muchos años dedicando esfuerzos y medios para mejorar las condiciones de trabajo y la protección de la salud de los trabajadores, pero a partir de la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales – hace casi 20 años- y su desarrollo, se ha impulsado y puesto en valor la capacidad de anticipación de un desastre en las empresas, lo que ha permitido reducir a más de la mitad los accidentes en centro de trabajo entre 1999 y 2014 en todas las categorías. Esto es un indicador de que lo que se hace tiene sus efectos pero no estamos satisfechos en tanto sigue habiendo que lamentar casos de este tipo.

Por eso, sigue siendo necesario llamar la atención y promover este aspecto porque es una de las claves principales para que mantengamos la tendencia de reducción de la siniestralidad laboral experimentada en los últimos años.

Todos los días del año pero especialmente hoy, debemos reflexionar sobre el entorno en el que trabajamos, y bien cada uno o con ayuda de quienes están mejor cualificados tener la certeza y el control de aquello que nos atañe y pudiera generar algún perjuicio. El marco de la prevención pretende sistematizar este trabajo y ser lo más eficaz posible, pero en ocasiones las obligaciones resultan sobredimensionadas en cuanto a la realidad de muchas microempresas y algunos requisitos son ambiguos o no ofrecen la seguridad jurídica necesaria.

De ahí el importante trabajo que las administraciones públicas y los interlocutores sociales lleva a cabo a través del Dialogo social o en foros como la Comisión Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, con el objeto de seguir trabajando en afinar soluciones reales y prácticas y eficaces en la protección de la salud de los trabajadores.

En estos años se ha avanzado mucho en materia de prevención de riesgos, pero es necesario seguir trabajando, hacer muchas más cosas y mejores en materia preventiva. A la hora de desarrollar las actividades preventivas eficaces no solo preocupa el bienestar de los trabajadores, sino también los beneficios de una adecuada inversión en prevención en la mejora en la competitividad y a la viabilidad del proyecto empresarial. Y también los efectos positivos en el sistema de protección social, en tanto que la reducción de accidentes y enfermedades profesionales repercute en un ahorro en prestaciones económicas y sanitarias.

De ahí que no solo las empresas han de invertir en prevención, las administraciones públicas también han de invertir en políticas eficaces de promoción de las mismas.