Reformas y crédito para consolidar la recuperación

La incipiente mejora de la economía que, pese a la desaceleración que se ha producido en estas últimas semanas, reflejan la mayoría de los indicadores y constatan casi todos los analistas, empieza a calar poco a poco entre las empresas, que contemplan su evolución en los próximos meses con algo más de confianza que hasta ahora.

El reciente estudio de Sage, Radiografía de la pyme 2014, refleja que la valoración que los empresarios hacen sobre la situación económica española ha mejorado en 30 puntos porcentuales respecto de los dos años anteriores y la inmensa mayoría de ellos (73%) cree que la situación seguirá mejorando durante este año y el próximo.

Este cambio de percepción es ya un síntoma positivo, después de un largo periodo en el que parecía que la única tónica posible era ir a peor y no se hallaba la salida para el negro túnel de la crisis.

El estudio pone de relieve que el 85% de las pymes españolas espera aumentar o mantener su cifra de negocio este año y que el 43% de las pymes y el 37% de los autónomos aseguran que sus beneficios han mejorado o se han mantenido en 2013.

Sin embargo, no todo son luces en este panorama. La recuperación no está siendo fácil ni está exenta de riesgos. Entre los principales obstáculos, sigue ocupando un puesto destacado la falta de financiación, como ya se señalaba en el Diagnóstico financiero de la pyme española, que CEPYME presentó recientemente. A ello se une la incertidumbre que todavía acecha en el panorama económico nacional y, sobre todo, europeo, a cuya desaceleración, como ha destacado el ministro de Economía, Luis de Guindos, la economía española no es inmune.

Por eso, la confianza en la prudente mejora de las perspectivas empresariales que reflejan la mayoría de los análisis, no puede hacernos olvidar los riesgos y las amenazas que todavía pueden comprometer la recuperación. Para afianzar la recuperación es preciso seguir avanzando en el desarrollo de reformas que ayuden a consolidar el crecimiento y la creación de empleo, que vayan en la dirección de impulsar la competitividad y la eficiencia tanto en el ámbito privado como en la Administración. Y, de manera especial, es necesario favorecer la actividad empresarial de menor dimensión, para lo que es imprescindible la normalización del crédito en España, tanto para las empresas como para las familias, así como la reducción de las cargas impositivas, especialmente de las cargas sociales para las empresas, y una mayor simplificación administrativa y eliminación de cargas burocráticas.