La misión de las organizaciones empresariales

Por José Alberto González-Ruiz, secretario general de CEPYME

De un tiempo a esta parte, las estadísticas confirman la idea de que hemos iniciado la senda de la recuperación. Sin embargo, no se puede obviar la debilidad en la que, tras seis años de severa crisis, se encuentra nuestro tejido productivo.

Corresponde ahora a las pymes capitalizarse y recuperar rentabilidad para que puedan crecer, desarrollar nuevos proyectos, formar equipos adecuados e incorporar herramientas tecnológicas necesarias para competir en una economía global. Pero si no se normaliza el crédito, si no se reducen los costes de los tipos de interés, que están muy por encima de los que soportan nuestros competidores, si se sigue gravando cada puesto de trabajo con cotizaciones sociales superiores a la media de nuestros socios comunitarios… ¿Cómo van a ser competitivas nuestras pymes?

En este nuevo marco de crecimiento de la economía, de reactivación de la actividad y de la consecuente creación de empleo, las organizaciones empresariales tenemos una gran responsabilidad.

Las organizaciones empresariales no nos podemos conformar con “ser”. En este nuevo marco, tenemos que “estar” a pie de calle, conocer las necesidades concretas que en cada momento tienen las pymes, asumir las circunstancias en las que se encuentran y, desde esa óptica, orientar a los poderes públicos para que legislen un marco más favorable para el desarrollo de la actividad empresarial y la mejora de la competitividad.

Contar con un tejido pyme fuerte supone disponer de un yacimiento de empleo estable y de calidad, la mejor manera de afrontar el elevado desempleo que es en estos momentos el principal problema que sufre España. Pero difícilmente el tejido empresarial será competitivo si desde la Administración no se crea un marco más favorable, en lugar de seguir poniendo zancadillas con papeleos, trámites, largos plazos de tiempo o altos costes de gestión.

Ahora tienen que primar las medidas de estímulo a la inversión, a la actividad empresarial y, consecuentemente, a la creación de empleo. Las organizaciones empresariales tenemos que trabajar para mejorar todos aquellos aspectos que contribuyen a fortalecer a nuestras empresas, a recuperar su actividad y su rentabilidad. Tenemos que empeñarnos en mejorar la financiación y la formación, en reducir la morosidad, en definir un marco regulatorio, administrativo y burocrático más propicio para el ejercicio de la actividad empresarial… Y en profundizar más en una reforma integral de la fiscalidad, adaptada a las peculiaridades del tejido empresarial, conformado mayoritariamente por pymes, y que sea un instrumento e estímulo y apoyo. De lo contrario, las pymes españolas seguirán estando en clara desventaja competitiva frente a sus homólogas europeas.

Esta debe ser nuestra tarea. Observar, escuchar, analizar y aportar iniciativas y soluciones para la mejora de la competitividad de las empresas, especialmente de las pymes. Sabemos, que se han producido avances, pero queda mucho camino por recorrer.

Los poderes públicos han de saber, y convencerse, de que legislar para crear un marco más favorecedor a la actividad empresarial no es sólo beneficioso para las pymes, sino más bien para el interés general de España.