Fortalecer el tejido pyme para crear empleo

Por José Alberto González-Ruiz, secretario general de CEPYME

Ya ha pasado un año desde que se comenzara a hablar del fin de la crisis. En estos años, y a pesar de los malos datos del paro, hemos mirado con optimismo al valor de las exportaciones, que en marzo de 2013 llegaron a alcanzar niveles previos a la crisis. Un optimismo alentado por el hecho de que España fuera el país desarrollado que menos cuota de mercado mundial perdía en favor de los emergentes o el dato de que, si se excluía el efecto del ajuste fiscal —que se llegó a comer 2,6 puntos porcentuales del PIB—, la economía se hubiese comportado igual que en el resto de la eurozona.

Hemos dejado de hablar del fin de la crisis y de la salida de la recesión para hacerlo de un incipiente, aunque lento, proceso de recuperación.

Ciertamente algunos indicadores económicos apuntan desde hace tiempo que vamos en la buena dirección.  Si en 2012 y 2013 las exportaciones fueron el elemento dinamizador de la economía, en 2014 ha habido un cambio y ha cobrado importancia la creación bruta de capital, que está creciendo en tasas del 11%. Hasta aquí, sin duda, nos han traído algunas de las reformas acometidas, que comienzan a dar sus frutos.

En estos momentos, es una realidad que en los seis primeros meses de 2014 se ha registrado la mayor disminución acumulada de paro registrado de un semestre en toda su serie histórica y que la contratación acumulada en este periodo es de 7.840.735, es decir un 16,42% superior a la del mismo periodo del año anterior. 

En este último año se ha reducido la lista del paro en 313.979 personas y se está creando empleo neto, pero aún tenemos más de 4,4 millones de personas inscritas en los Servicios Públicos de Empleo. Y con esto, lo que digo es que aunque la recuperación está en marcha, el ritmo de crecimiento es aún débil. 

España acumula cuatro trimestres consecutivos de crecimiento. Trimestre a trimestre, distintos organismos revisan al alza sus previsiones; se habla de tímida recuperación de la demanda interna, pero al fin y al cabo recuperación. Y eso es bueno, aunque no suficiente. 

El camino por el que andamos es pedregoso y, si lo que queremos es crecer y crear empleo, hay que allanarlo. Para hacer de España un país más fuerte y más competitivo hay que incentivar la actividad empresarial, columna vertebral para la generación de riqueza y puestos de trabajo. 

Las reformas dan señales positivas. La actividad manufacturera en España ha marcado en junio su mayor nivel en siete años y ese tirón del sector se traslada poco a poco al empleo, que ha aumentado al mayor ritmo desde que comenzó la crisis.

Son datos esperanzadores, señales de que las reformas están llevando a la creación de empleo. Pero aún queda camino por recorrer. Quedan reformas, sí, y eliminar obstáculos que frenan la actividad empresarial, como las elevadas cotizaciones sociales o la modificación de los conceptos tributarios de empresas y trabajadores a la Seguridad Social. Este nuevo régimen que estudia el Consejo de Estado y que debe entrar en vigor el 1 de agosto costará a las empresas 2.500 millones de euros.

Para crear empleo, y de calidad, hay que seguir trabajando en la mejora de todos aquellos aspectos que contribuyen a fortalecer a las pymes, tales como el acceso a la financiación, la reducción de la morosidad, una reforma de la fiscalidad más ambiciosa o la definición de un mejor entorno regulatorio, administrativo y burocrático más propicio para el desarrollo de la actividad empresarial.