Las barreras del Mercado Único Europeo

Con la creación del Mercado Único Europeo en el año 1993 se abrieron oportunidades de negocio para las pymes españolas.  Con su entrada en vigor se eliminaron un buen número de fronteras facilitando que tanto los bienes como la prestación de servicios circulen dentro de Europa con la misma facilidad con la que lo hacen en el mercado interior.

El Mercado Único conlleva importantes beneficios para la actividad económica. Durante el primer trimestre de 2014, el 64% de las exportaciones tuvieron como destinatarios países de la UE. Sin embargo, aún hay importantes trabas que dificultan que las pequeñas y medianas empresas salgan y operen en este mercado.

Según el informe Línea Abierta para la identificación de los problemas de las empresas españolas en el Mercado Único Europeo, presentado recientemente, casi una de cada cuatro empresas se ha encontrado alguna dificultad a la hora de trabajar en el mercado europeo. En el intercambio de mercancías, son las normas técnicas las que mayores dificultades presentan, sobre todo los problemas derivados de la ausencia de reconocimiento de los certificados  y la falta de armonización de productos; pero también hay problemas con los contratos y las operaciones comerciales, así como con los retrasos en los pagos, que tienen un efecto muy negativo sobre la liquidez de las pymes.

Con respecto a las empresas que prestan servicios en este entorno, se encuentran con barreras tales como la obligación de obtener una autorización avalada por autoridades nacionales o la necesidad de inscribirse previamente durante un periodo de tiempo en determinados registros. Barreras que ponen freno a la integración comercial, tanto en el mercado de bienes de la UE como en el de servicios.

Por ello, hay que seguir empeñándose en identificar este tipo de trabas y dificultades y en su eliminación. Pero también hay que acabar con la excesiva burocratización de las ayudas públicas a las internacionalización, así como ampliar, por el impacto positivo que tendría en la competitividad, la deducción de las actividades de internacionalización, facilitando inversiones tales como la concurrencia a ferias comerciales y/o exposiciones, los derivados del establecimiento de alianzas entre empresas, formación de consorcios o fusiones orientadas a su mejor posicionamiento en los mercados exteriores o los ocasionados por la contratación de servicios externos de consultoría para la internacionalización.Obstaculos y trabasObstáculos y trabas2