Las reformas, una necesidad

Por José Alberto González Ruiz, Secretario general de CEPYME

Las correcciones al alza realizadas en el cuadro macroeconómico, tanto por distintas instituciones nacionales e internacionales como por el propio Gobierno de España, invitan a pensar que hay una gran probabilidad de avanzar y consolidar un nuevo ciclo económico, moderadamente expansivo, con un crecimiento interanual del PIB del 1,2% en 2014 y del 1,8% en 2015. Además de las halagüeñas previsiones que vierten los indicadores económicos, hay datos que certifican que este progreso es lento, pero real. Entre ellas, por ejemplo, la vuelta al crecimiento del tejido pyme —que en los cuatro primeros meses del año ha aumentado en 14.607 empresas—  y sus plantillas (159.000 trabajadores más en el mismo periodo).

Lo peor parece que ha pasado. Sectores como el de la construcción, seriamente golpeado por la crisis económica, se va recuperando;  la confianza de los consumidores va mejorando y la demanda interna se está reactivando, aunque todavía lentamente.

Pero aún estamos lejos de certificar una recuperación efectiva de la actividad y la consecuente creación de empleo. Según el Diagnóstico financiero de la empresa española, realizado por CEPYME y EADA, tan sólo el 15% de los empresarios prevé incrementar la plantilla a lo largo de 2014;  un 50%  no lo considera posible y el 35%, en una posición intermedia, espera realizar alguna contratación, pero sólo ocasionalmente y en temporadas muy concretas.

Y es que, a pesar de las mejoras, el tejido productivo español sigue muy debilitado y  las pymes se siguen enfrentando en su actividad diaria a problemas muy importantes, como el de la financiación. Aunque el mercado del crédito tiende lentamente a estabilizarse, y los criterios de aprobación a relajarse, el acceso a un crédito para las pymes y los hogares sigue siendo en la actualidad muy difícil. Las exigencias y los costes de financiación no han evolucionado de igual manera para las administraciones públicas y las grandes empresas, que para las familias o las empresas de menor dimensión.

La capacidad que tienen las pymes para contribuir a la mejora económica es grande, pero el desarrollo de esta función depende del entorno en el que desarrollan su actividad.

Por eso, en esta nueva etapa de crecimiento económico, las reformas no son una opción, sino una necesidad, como dijo el presidente de CEPYME, Jesús Terciado, hace unos días ante los empresarios en Sevilla. Porque es fundamental, por un lado, que el sector público no sea tan gravoso para las empresas y deje de ser un lastre para el desarrollo de la actividad empresarial y, por otro, porque las pymes están al límite y no tienen margen para soportar otra vuelta de tuerca en materia fiscal.

Ya no hay opción. Es preciso afrontar cuanto antes las reformas pendientes. Y entre ellas, la de las administraciones públicas, la fiscal, la del sector energético, los cambios necesarios para garantizar la unidad de mercado y aquellos en el modelo de contratación pública para que las pymes puedan acceder a las licitaciones.

Pero, además de esas reformas, que son de puertas para dentro, también son necesarias otras de puertas para fuera. Es imprescindible que se complete la unión económica y monetaria a través de la unión bancaria para acabar con la fragmentación financiera y conseguir reactivar el flujo de crédito hacia la empresa; pero también, para impulsar la confianza de los inversores y reforzar las posibilidades de crecimiento económico y del empleo. Y hay que avanzar hacia una progresiva homogenización de regímenes fiscales, para que sea más fácil tanto el libre establecimiento de empresas como el desarrollo de su actividad. 

Para consolidar el nuevo ciclo de crecimiento económico, sin olvidar la urgencia de reducir la deuda y el déficit,  es imprescindible ponerse manos a la obra y completar las reformas pendientes. Y así crear un entorno más adecuado para la actividad empresarial. Las pymes son clave para consolidar este nuevo ciclo de crecimiento y crear empleo.