España gana competitividad

España ha ganado seis posiciones en el ranking de competitividad mundial, pasando de ocupar el puesto 45 al 39, según el prestigioso World Competitiveness Yearbook. De los factores analizados, salvo las infraestructuras —que se mantienen en la posición 27—, todos  mejoran su posición, tanto los resultados económicos, como la eficiencia del sector público y la eficiencia empresarial. Este último aspecto es en el que más se ha mejorado.

Los avances más significativos en este último año los registra la inversión directa de España en el exterior, la balanza por cuenta corriente, la inversión directa del exterior en España y el PIB per cápita.

CompetitividadLas capacidades de los trabajadores, las infraestructuras fiables, la competitividad en términos de costes, el elevado nivel educativo y la actitud abierta y positiva son las cualidades que nos hacen más atractivos; y es que España ocupa una buena posición en ingenieros cualificados, infraestructuras sanitarias y esperanza de vida. No así en lo referido a formación laboral, accesibilidad al crédito o espíritu empresarial.

Los obstáculos a la competitividad

Según el informe, el déficit público, la regulación del mercado laboral y su flexibilidad, la burocracia para crear una empresa, la elevada contribución a la Seguridad Social por parte de las empresas o la economía sumergida siguen siendo un importante lastre para la competitividad de nuestra economía. El elevado coste de la telefonía fija, los conocimientos de idiomas o la gestión educativa son elementos que no se ajustan al sistema productivo y, por tanto, factores que también restan competitividad.

 Los retos

Los resultados de este informe evidencian debilidades estructurales que tiene la economía española, que afectan a la competitividad y lastran su crecimiento.

Así, los principales retos a los que se enfrenta la economía española para mejorar su competitividad son desarrollar unas administraciones públicas más efectivas y eficientes, restaurar el flujo de crédito para el sector privado, implementar medidas para reducir el desempleo juvenil, impulsar la internacionalización y el sector industrial, así como atajar el déficit de tarifa y asegurar la oferta de energía a un precio competitivo.